CUENTO CORTO: “La denuncia y la cárcel no garantiza la eliminación de la violencia”

                                                                     

                                                                    CUENTO CORTO

“La denuncia y la cárcel no garantiza la eliminación de la violencia”

 


Edgardo Jalk Tauma


Había una vez en el sur de Lima un abogado de nombre Diego Morales, encargado de la defensa de víctimas de violencia contra la mujer y los integrantes del grupo familiar del CEM-COM-VMT. Diego, que por su edad reflejaba cierta experiencia, pero no precisamente en el derecho, la psicología precedía en su vida académica. Su oficina era un modesto y desgastado ambiente en donde los escritorios estaban tan cerca que se podía escuchar los latidos del corazón del otro y para atender a una usuaria debería salir la otra, pero, aunque el espacio era reducido, el compromiso de Diego era inmenso.

 

Un día le tocó atender a una víctima de nombre Adriana, cuyo esposo de nombre Amado le había violentado psicológicamente. Diego, escucha a la víctima quien se mostraba con los ojos hinchados de tanto llorar y con voz temblorosa contó su historia. Su relación se había deteriorado y desorganizando progresivamente al punto de correr el riesgo de desintegrarse por la indiferencia de su esposo y la violencia psicológica de la que era víctima. El abogado socializa el caso con el psicólogo, da lectura su informe psicológico y, luego de revisar la disposición fiscal, solicita se realicen algunos actos de investigación.

 

La Fiscalía omitiendo las diligencias solicitadas por la defensa decide archivar el caso bajo el argumento que el informe psicológico no precisa la afectación psicológica, cognitivo conductual. Diego, realiza una lectura jurídico penal de la disposición fiscal y, detectando falencias en la motivación, decide impugnar la decisión. La fiscalía al conocer el recurso no se le ocurrió otra cosa que llamar a Adriana para preguntarle si había autorizado la impugnación, advirtiéndole que, si continuaba con la denuncia su esposo (el agresor) se iría preso. Adriana, preocupada visita a su abogado para averiguar si lo que le habían dicho era cierto. Durante la conversación exclamó: “¡buscaba que me ayuden a mejorar mi relación con mi esposo y no que vaya a la cárcel!”, “¡porque me hacen eso!”. Diego comprende la situación y recomienda: “si el deseo de mejorar la relación interpersonal también es de su esposo, podrían acudir a un especialista en terapia de parejas”; sin embargo, le aclara, “la ley no permite conciliar”, no obstante, le explica que, en tanto el denunciado reconozca su responsabilidad podría acogerse al mecanismo de la conclusión anticipada para que se pueda beneficiar con la conversión de la pena y así evitar la cárcel. Mientras tanto, la fiscalía Superior ordenaba a la fiscalía provincial realice las diligencias solicitadas y formule investigación preparatoria.

 

Una vez concluida la investigación, la fiscalía solicitó tres años de pena privativa de la libertad efectiva. Pero algo había cambiado desde que Adriana conversó con su abogado. Ella y su esposo estaban asistiendo a un especialista en terapia de pareja y su relación había mejorado sustancialmente, Adriana que había sido notificada la Acusación Fiscal se desespera y con los ojos llenos de lágrimas nuevamente se sentó frente a su abogado. “Adriana”, le dijo, “la justicia es un camino que debemos recorrer con integridad”, Adriana asintió, pero su corazón estaba dividido, aunque quería justicia, también quería una segunda oportunidad para su matrimonio.

 

La audiencia en el juzgado se acercaba, Adriana no podía dormir, las noches se volvieron interminables, la ansiedad y la angustia la embargaron, que a primera hora del día decide hacer uso de su último recurso, buscar a la Fiscal encargada del caso. “¡Por favor!”, le suplicó, “¿no hay otra opción? mi esposo ha cambiado, estamos buscando ayuda juntos”, pero la fiscal, con la mirada fría e insensible le recordó la advertencia que le hizo. Adriana desesperada por tercera vez retorna a donde su abogado, quien la escuchó con paciencia. “Adriana”, le dijo, “entiendo tus sentimientos y lo haremos saber al Juez”.

 

Llegó el día de la audiencia, Adriana y Amado llegaron juntos, cada uno ocupó su lugar en la sala, sus corazones latían con fuerza. La fiscalía había terminado sus alegatos finales, el escenario judicial se tornaba tenso. Era el turno de su abogado, su alegato final era crucial. Diego se pone de pie, miró al Juez y dijo: “Su Señoría, Adriana ha sufrido violencia psicológica, pero hoy no estoy aquí para coadyuvar con el pedido de condena de la fiscalía, ni para solicitar reparación civil, sino, para abogar por la redención de la pena”. Los ojos de Adriana se encontraron con los de su esposo, ambos sollozaron. Prosiguió el alegato, “Amado y Adriana, durante este tiempo buscaron ayuda profesional, asistieron a terapia y han trabajado incansablemente para reconstruir su relación, no hay historial grave de violencia”. “Señoría”, continuó Diego, “la justicia no siempre se encuentra con la pena privativa de la libertad, a veces se encuentra en la terapia, en la compasión y en la voluntad de cambiar”,  “no solo estamos aquí para castigar, sino para sanar”, “la pena privativa de la libertad no sanará a nadie”, “la ayuda profesional puede hacerlo”. Terminó su intervención diciendo: “Señoría, no estoy pidiendo impunidad”, enfatizó. “Estoy pidiendo una oportunidad para que Amado y Adriana continúen con sus terapias”. ¡Gracias! - En la audiencia todo era silencio, el abogado Diego Morales defendió no solo a su cliente, sino también la posibilidad de un amor renovado y una familia restaurada.

 

Finalmente, el juez dictaminó: “Amado, has sido acusado y has enfrentado las consecuencias de tus acciones, pero también veo una oportunidad de cambio”. “La pena privativa de la libertad se reducirá a servicio comunitario y terapia”. “Adriana, tu valentía y compasión han influido en esta decisión”.

 

Adriana y Amado salieron del juzgado tomados de la mano. La justicia había hablado. Y así, en una pequeña y modesta oficina, el abogado Diego Morales comprendió que la justicia no siempre debe ser rígida, a veces debe adaptarse a las historias humanas que laten detrás de los expedientes, también comprendió, una vez más, la necesidad de abordar tempranamente aquellos casos en donde la violencia se encuentra en su fase inicial y así cumplir con el nomen iuris de la Ley 30364, esto es, PREVENIR.

 

                                                                        FIN.

Comentarios

  1. Este cuento da cuenta un poco sobre la realidad de nuestro CEM.COM.VMT., fue enviado para el concurso organizado por el programa "aurora" con ocasión de su aniversario.

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