VIOLENCIA POR ESTEREOTIPO DE GENERO Y SU ABORDAJE
Abg. Edgardo Jalk Tauma
“LA VIOLENCIA POR ESTEREOTIPO DE GENERO Y SU ABORDAJE”
En esas condiciones, el varón que ha instaurado pensamientos, ideas, percepción y el concepto errado de los roles del hombre y la mujer, en muchos casos, no acepta esta nueva realidad que le toca vivir; entonces, empieza en un primer momento, prohibiendo que la mujer trabaje; si tiene hijos, los utilizará como argumento para que la mujer prefiera cuidar a su prole, haciéndola sentir como una mala madre que abandona a sus hijos. De esta forma, hace expresa su posición machista, reflejando con ello, los primeros indicadores de discriminación y violencia; sin embargo, hay que decirlo, si la mujer es persuadida por el varón y desiste de su intención de trabajar, todo continuará dentro de su cauce de “normalidad”. No obstante, si la mujer logra su objetivo, ya sea por la necesidad imperiosa de los ingresos económicos o, quizás por su posición férrea, respecto a su propósito, empezará el segundo estadio de la violencia.
En ese estado, el varón empezará a celarla, a controlarla y a vigilar sus horas de ingreso y salida del trabajo; cuestionará la forma de vestirse, le prohibirá tener nuevas amistades y, a participar de reuniones sociales. Se mantendrá vigente su pretensión, que la mujer siga manteniendo el mismo rol, obligándola hacer las tareas domésticas (lavar, planchar, cuidar a los hijos, asesar la casa, cocinar, servir) y, cuando encuentre oposición, se vislumbrará palmariamente la violencia, a través de insultos, vejaciones, humillaciones, que, de continuar la mujer resistiéndose a realizar las actividades del hogar, será tomada por el varón como una “desobediencia” al cumplimiento de su “obligación” que, por reglas de las máximas de la experiencia, terminará en violencia física.
A estas alturas, la violencia física y psicológica instaurado en el hogar de la familia, obliga a la mujer, en un acto de desesperación y búsqueda de ayuda, para salvar el vínculo del matrimonio u unión de hecho, acudir a las Instituciones del Estado; sin embargo, experimenta, en la mayoría de casos, que su situación se agrava, la violencia se incrementa, la familia que ya se encontraba desorganizada termina por desintegrarse, surgiendo un nuevo problema, la disputa sobre la custodia y tenencia de los hijos.
Ahora, cuando la mujer, luego de experimentar todo un abanico de situaciones de violencia y ha decidido por si sola o, generalmente por recomendación de un tercero, terminar con la relación, se inicia otro momento crítico de la violencia, toda vez que el varón impedirá que esto se concrete, chantajeando con la tenencia de los hijos, con no otorgar la manutención o, tal vez evitando que esto suceda a través del perdón cíclico y viciado sobre su conducta. Si la mujer accede a ello, es casi seguro que se convertirá en un círculo vicioso de la violencia que tanto se habla. Si la mujer, aun no depende emocional ni económicamente del varón y tiene la capacidad de sobre ponerse, decidirá terminar con la relación. Entonces, estaremos hablando de un tercer momento de violencia y de riesgo.
Este es el momento más peligroso de todas las etapas. El varón que consideraba a la mujer como sumisa y subordinada, se negará aceptar la ruptura de la relación, principalmente porque no fue él quien lo terminó, se llenará de ira y rabia, experimentando gran frustración, porque la mujer que era suya, ya no lo es, se fabricará pensamientos erráticos sobre la nueva vida de su mujer, no soportará verlo con otra persona, que buscará vengarse eliminándola, como máxima expresión de la violencia por estereotipo de género.
Aquí
surge dos preguntas. ¿Todos los casos que experimentan violencia en su fase inicial tienen que terminar desintegrándose? ¿En todos los casos, donde la
mujer decide terminar la relación, el varón busca elimina a la mujer?.- La respuesta es no, entonces, que está sucediendo
con estos hogares que se desintegran tempranamente y que está pasando con estas
personas, que no son capaces de transitar de la etapa de negación, depresión, a
la etapa de aceptación y resignación de la separación conyugal
Considero que el problema radica en el abordaje, y es que, los “programas de prevención” están dirigidos única y exclusivamente a la mujer, están orientadas a empoderarlas sobre sus derechos, fortalecerlas e impulsarlas para que denuncie los hechos de violencia, sin reparar las consecuencias, consiguiendo con ello, el incremento de la estadística de casos atendidos; empero, excluye al varón de toda posibilidad de participar en los programas de prevención, dejando para él, la sanción y con ello la utópica erradicación de la violencia. Olvidan que el varón es el principal protagonista de estos desenlaces, muchas veces fatales; olvidan que, son ellos, los denunciados, los que finalmente no aceptan la incursión de la mujer en el mundo laboral, son ellos los que han desarrollado e instaurado ideales sobre el estereotipo de genero respecto a la mujer, son ellos los que someten a la mujer a la subordinación y sumisión; por lo tanto, si queremos que estos pensamientos cambien se debe incluir al varón en los programas de prevención y en esa misma línea trabajar estructuralmente con las nuevas generaciones
Esta situación me lleva al convencimiento, que existe la necesidad de considerar genuinamente al flagelo de la violencia por estereotipo de género, como un problema estructural, involucrando a otros sectores del Estado, como Educación, por ejemplo, para atender la prevención primaria que tendría un resultado a largo plazo, tema que no corresponde desarrollar en el presente trabajo; sin embargo, lo que sí se podría trabajar, es la prevención secundaria y terciaria. Esto es, detectado la violencia, por reporte policial o, a través de los programas con las mujeres víctimas de violencia, los protagonistas (hombre y mujer) deben ser sometidos a una clasificación y determinar si se trata de uniones o matrimonios que por primera vez experimentar violencia o, son reincidentes y habituales. Los primeros, antes de promover la denuncia y buscar sancionar la conducta, deben ser sometidos a programas de tratamiento dirigidos por psicólogos psicoterapeutas, especialistas en parejas. Para aquellas parejas cuya violencia data de muchos años, si existe voluntad de someterse a la psicoterapia de pareja, podrán ser incluidos en el primer grupo, para agotar los medios y recursos para salvar la familia y, en el peor de los casos, cuando la pareja intervenida no supere sus desavenencias, será el profesional especialista que recomiende el fin del vínculo conyugal y trabajará con ellos, principalmente con el varón, respecto a la aceptación y resignación de su nueva situación.
Mientras tanto, los profesionales que trabajan con la población, comedores, iglesia, comunidad en general, deben abordar temas, por ejemplo, como el juego de roles en el hogar, el machismo y sus consecuencias, y todos los temas destinados a romper paradigmas arraigados sobre la posición del varón sobre la mujer.
Bibliografía
Corbin,
J. A. (s.f.). Psicología y mente. Recuperado el lunew de enero de
2022, de
https://psicologiaymente.com/pareja/fases-superar-duelo-ruptura-pareja
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