VIOLENCIA POR ESTEREOTIPO DE GENERO Y SU ABORDAJE

                                  Abg. Edgardo Jalk Tauma

 

“LA VIOLENCIA POR ESTEREOTIPO DE GENERO Y SU ABORDAJE”

 Con el presente trabajo pretendo dar una pequeña explicación sobre la Violencia por Estereotipo de Genero y las razones del porqué, a pesar de existir, una incesante y agresiva respuesta del Estado en materia legislativa para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres o los integrantes del grupo familiar, este flagelo continúa y va en incremento.

        Debe quedar claro, que mi intención no es plasmar la mejor definición de género y violencia género, sino más bien, intentar dar algunos alcances sobre su etiología y porque no, algunas recomendaciones sobre el particular.

 Mi desempeño como abogado defensor de víctimas del CEM.COM.VMT., y anteriormente como operador policial en la sección familia, me ha permitido conocer de cerca casos de violencia entre cónyuges y su abordaje. Esta experiencia me ha llevado a plantearme algunas interrogantes como las que paso a mencionar: Porqué motivos a pesar de existir todo un marco jurídico, no es posible contener el incremento de los feminicidios?;  ¿Cómo se forma y se fortalece los estereotipos de género?, como el Estado viene abordando esta problemática? Interrogantes que trataré de absolver en los párrafos siguientes.

 A pesar de encontrarnos en pleno siglo XXI, en algunos lugares y hogares, aún se mantienen arraigados costumbres ancestrales y patriarcales que lleva a una educación en desigualdad entre los niños con relación a los roles que debe cumplir el varón respecto de la mujer en el hogar, iniciando una formación de personalidad distorsionada por parte de los padres sobre la autonomía, independencia y responsabilidad de sus hijos. Al varón se le asigna el rol del más fuerte, el que no llora, el que juega futbol; cuando se casa, el que debe sostener y mantener su hogar; mientras que, sobre la mujer recae todas las labores domésticas, colocándola en un segundo plano, asumiendo un rol de subordinación y sumisión ante el hombre. Estos roles, que son aprendizajes vicarios transmitidos de generación en generación, no solo es impuesto por el varón, sino también por la propia mujer (abuela, madre, hermanas mayores) y, como si fuera poco, esta realidad trasciende a la religión, no solo en la jerarquía eclesiástica, liderada por un varón (papas, curas, sacerdotes), sino también bíblicamente se considera al varón, cabeza del hogar; situación que, con el pasar del tiempo, se han normalizado y afianzado en las sociedades; sin embargo, su resonancia es cada vez es menor.

  No obstante, a pesar que nuestras sociedades, por décadas han convivido con esos estereotipos de género, no ha existido el índice de violencia contra la mujer que hoy tenemos, por lo menos, no con la motivación que hoy existe, esto es, la violencia por estereotipo de género. Entonces, ¿cuándo surge el problema? A mi modo de ver, los problemas se inician cuando la mujer empieza a formar parte de la población económicamente activa y sus ingresos lo llevan a tener voz y voto en las decisiones de una relación conyugal, pretendiendo pasar de una posición de sumisión y subordinación a obtener los mismos derechos que el hombre, buscando una justa posición en el hogar, en su relación sentimental y en cualquier ámbito de desenvolvimiento.

En esas condiciones, el varón que ha instaurado pensamientos, ideas, percepción y el concepto errado de los roles del hombre y la mujer, en muchos casos, no acepta esta nueva realidad que le toca vivir; entonces, empieza en un primer momento, prohibiendo que la mujer trabaje; si tiene hijos, los utilizará como argumento para que la mujer prefiera cuidar a su prole, haciéndola sentir como una mala madre que abandona a sus hijos. De esta forma, hace expresa su posición machista, reflejando con ello, los primeros indicadores de discriminación y violencia; sin embargo, hay que decirlo, si la mujer es persuadida por el varón y desiste de su intención de trabajar, todo continuará dentro de su cauce de “normalidad”. No obstante, si la mujer logra su objetivo, ya sea por la necesidad imperiosa de los ingresos económicos o, quizás por su posición férrea, respecto a su propósito, empezará el segundo estadio de la violencia.

En ese estado, el varón empezará a celarla, a controlarla y a vigilar sus horas de ingreso y salida del trabajo; cuestionará la forma de vestirse, le prohibirá tener nuevas amistades y, a participar de reuniones sociales. Se mantendrá vigente su pretensión, que la mujer siga manteniendo el mismo rol, obligándola hacer las tareas domésticas (lavar, planchar, cuidar a los hijos, asesar la casa, cocinar, servir) y, cuando encuentre oposición, se vislumbrará palmariamente la violencia, a través de insultos, vejaciones, humillaciones, que, de continuar la mujer resistiéndose a realizar las actividades del hogar, será tomada por el varón como una “desobediencia” al cumplimiento de su “obligación” que, por reglas de las máximas de la experiencia, terminará en violencia física.

A estas alturas, la violencia física y psicológica instaurado en el hogar de la familia, obliga a la mujer, en un acto de desesperación y búsqueda de ayuda, para salvar el vínculo del matrimonio u unión de hecho, acudir a las Instituciones del Estado; sin embargo, experimenta, en la mayoría de casos, que su situación se agrava, la violencia se incrementa, la familia que ya se encontraba desorganizada termina por desintegrarse, surgiendo un nuevo problema, la disputa sobre la custodia y tenencia de los hijos.

Ahora, cuando la mujer, luego de experimentar todo un abanico de situaciones de violencia y ha decidido por si sola o, generalmente por recomendación de un tercero, terminar con la relación, se inicia otro momento crítico de la violencia, toda vez que el varón impedirá que esto se concrete, chantajeando con la tenencia de los hijos, con no otorgar la manutención o, tal vez evitando que esto suceda a través del perdón cíclico y viciado sobre su conducta. Si la mujer accede a ello, es casi seguro que se convertirá en un círculo vicioso de la violencia que tanto se habla.  Si la mujer, aun no depende emocional ni económicamente del varón y tiene la capacidad de sobre ponerse, decidirá terminar con la relación. Entonces, estaremos hablando de un tercer momento de violencia y de riesgo.

Este es el momento más peligroso de todas las etapas. El varón que consideraba a la mujer como sumisa y subordinada, se negará aceptar la ruptura de la relación, principalmente porque no fue él quien lo terminó, se llenará de ira y rabia, experimentando gran frustración, porque la mujer que era suya, ya no lo es, se fabricará pensamientos erráticos sobre la nueva vida de su mujer, no soportará verlo con otra persona, que buscará vengarse eliminándola, como máxima expresión de la violencia por estereotipo de género.

Aquí surge dos preguntas. ¿Todos los casos que experimentan violencia en su fase inicial tienen que terminar desintegrándose? ¿En todos los casos, donde la mujer decide terminar la relación, el varón busca elimina a la mujer?.-  La respuesta es no, entonces, que está sucediendo con estos hogares que se desintegran tempranamente y que está pasando con estas personas, que no son capaces de transitar de la etapa de negación, depresión, a la etapa de aceptación y resignación de la separación conyugal (Corbin).

Considero que el problema radica en el abordaje, y es que, los “programas de prevención” están dirigidos única y exclusivamente a la mujer, están orientadas a empoderarlas sobre sus derechos, fortalecerlas e impulsarlas para que denuncie los hechos de violencia, sin reparar las consecuencias, consiguiendo con ello, el incremento de la estadística de casos atendidos; empero, excluye al varón de toda posibilidad de participar en los programas de prevención, dejando para él, la sanción y con ello la utópica erradicación de la violencia. Olvidan que el varón es el principal protagonista de estos desenlaces, muchas veces fatales; olvidan que, son ellos, los denunciados, los que finalmente no aceptan la incursión de la mujer en el mundo laboral, son ellos los que han desarrollado e instaurado ideales sobre el estereotipo de genero respecto a la mujer, son ellos los que someten a la mujer a la subordinación y sumisión; por lo tanto, si queremos que estos pensamientos cambien se debe incluir al varón en los programas de prevención y en esa misma línea trabajar estructuralmente con las nuevas generaciones

Esta situación me lleva al convencimiento, que existe la necesidad de considerar genuinamente al flagelo de la violencia por estereotipo de género, como un problema estructural, involucrando a otros sectores del Estado, como Educación, por ejemplo, para atender la prevención primaria que tendría un resultado a largo plazo, tema que no corresponde desarrollar en el presente trabajo; sin embargo, lo que sí se podría trabajar, es la prevención secundaria y terciaria. Esto es, detectado la violencia, por reporte policial o, a través de los programas con las mujeres víctimas de violencia, los protagonistas (hombre y mujer) deben ser sometidos a una clasificación y determinar si se trata de uniones o matrimonios que por primera vez experimentar violencia o, son reincidentes y habituales. Los primeros, antes de promover la denuncia y buscar sancionar la conducta, deben ser sometidos a programas de tratamiento dirigidos por psicólogos psicoterapeutas, especialistas en parejas. Para aquellas parejas cuya violencia data de muchos años, si existe voluntad de someterse a la psicoterapia de pareja, podrán ser incluidos en el primer grupo, para agotar los medios y recursos para salvar la familia y, en el peor de los casos, cuando la pareja intervenida no supere sus desavenencias, será el profesional especialista que recomiende el fin del vínculo conyugal y trabajará con ellos, principalmente con el varón, respecto a la aceptación y resignación de su nueva situación.

Mientras tanto, los profesionales que trabajan con la población, comedores, iglesia, comunidad en general, deben abordar temas, por ejemplo, como el juego de roles en el hogar, el machismo y sus consecuencias, y todos los temas destinados a romper paradigmas arraigados sobre la posición del varón sobre la mujer.

Bibliografía

Corbin, J. A. (s.f.). Psicología y mente. Recuperado el lunew de enero de 2022, de https://psicologiaymente.com/pareja/fases-superar-duelo-ruptura-pareja

 

  

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Es legal la presencia de un perito de parte (psicólogo) durante el desarrollo de la evaluación psicológica?

INAPLICABILIDAD DEL ART. 177.1 DEL CPP EN LOS PROCESOS ESPECIALES DE VIOLENCIA CONTRA LA MUJER Y LOS INTEGRANTES DEL GRUPO FAMILIAR

Las denuncias por violencia psicológica deben ser tratados como actos de comisión permanente?. Análisis critico desde la doctrina, la jurisprudencia y la práctica institucional